DE UN CUENTO DE NAVIDAD.
Cuento de Navidad
Paso después de que los ecologistas acusaran a Santa Claus de motivar la depredación de los bosques, cada fin de año, con aquello de la tala de pinos para motivos ornamentales. Esta iniciativa también impulso a las organizaciones protectoras de la fauna, que le cuestionaron la utilización de los renos con finalidades no consonas con la conservación de la vida silvestre. La APPTB (Asociación para la Protección a Personas de Talla Baja) amenazó con demandarlo por explotación laboral indiscriminada a personas bajo condiciones vulnerables; las empresas aéreas se quejaron por la falta de planificación de sus vuelos navideños, y por el peligro que representaban los trineos voladores, que podían colisionar con una nave comercial en pleno cielo. Las organizaciones juveniles se mofaron de lo ridículo que lucía un viejo, cargado de arrugas y enfundado en un bizarro traje rojo, volando en un obsoleto trineo, cuando ya estábamos haciendo viajes a Marte en modernas naves especiales con tripulantes atléticos.. Las asociaciones de adultos mayores le criticaron la mala promoción que daba su eterna sonrisa, como si envejecer fuese un asunto de lucir patologocamente optimista y ser sempiternamente inmaduro. Los gremios de barberos le demandaron por velada amenaza a la profesión, al impulsar el uso desmedido de melenas y barbas extraordinariamente largas, y de paso encanecidas. El mundo del Pret a Porter le aludía, con cierto rencor, por colocar cada fin de año un desusado y absurdo diseño como el motivo de la moda. Los guionistas y directores, de Hollywood, le odiaban por la obligación de inventar, cada año, nuevos temas con un personaje tan usado y abusado. Los club de fans, de los colores blanco, negro, amarillo y azul, planeaban boicotear las navidades a menos que Santa decidiera cambiar el color de su atuendo por uno de los que ellos impulsaban. Los capitalistas lo despreciaban por lucir como un comunista y los comunistas lo excecraban por su mensaje de consumismo capitalista. Los negros lo imputaron de hacer promoción a la supremacía de la raza blanca; mientras el Ku Klux Klan, los Skin Heads, los neonazis y otros lo amenazaron por atreverse a llevarle regalos a los niños negros. Los ateos se convirtieron en sus detractores porque, según ellos, servía de argumento a los creyentes en la bondad de Dios; mientras los cristianos lo apostrofaban de ser una leyenda mítica camuflada con falso ropaje religioso. Los comerciantes de juguetes deseaban que su capacidad de vender, en Navidad, se ampliase a todo el año; y los compradores deseaban un año sin Navidad, para no tener que comprar juguetes. Los científicos se reían de quienes lo suponían habitando el helado polo norte, mientras los deshollinadores le agradecían el trabajo extra (-¡Hay que limpiar la chimenea, para que Santa pueda bajar por ella a dejar los regalos!). Los ladrones le agradecían el traje, que les permitía robar y huir sin ser identificados; y los policías veían un posible caco detrás de cada Papá Noel callejero. Los fabricantes de refrescos le soñaban para la publicidad de su mercancía, y los programadores de Tv para los programas de fin de año. Stephen King le adaptó para algún espeluznante texto de terror y Kruel Paint le pinto como guardia SS en Auschwitz. Alguien supuso su origen como monje ruso, más otro que se ofendió, a morir, por semejante impostura propuso la cancelación cultural de Santa, junto con Gogol, Puschkin, Tchaikovsky y otros. Un heterodoxo propuso cambiar su gorrito por una hiyab árabe, y entonces un ortodoxo, ofendido, postuló que fuese una quipa judía. Un iconoclasta intercedio que para no despertar rencores mejor le quitaran el gorro y la cabeza. Un hippie trasnochado opino que debía dársele a fumar marihuana para que volara más alto y un capo del narco le ofreció una gruesa suma de dinero para que transportara, en sus vuelos nocturnos, cierta mercancía. Una empresa radiofónica le ofreció un contrato para un programa de transmisión aérea, y una productora alternativa le ofertó un guión para convertirlo en actor principal de película porno. Tres empresas de dietas adelgazantes se disputaban su firma en contratos promocionales de sus productos, mientras cuatro multinacionales farmacológicas le querían para hacer propaganda a las posibles curas de la temida nueva pandemia. El Papa le saludaba afectuoso en público y le denostaba en privado, mientras el presidente le quería en diciembre pero le despreciaba el resto del año. Al final de cuentas sólo los niños lo aceptaban tal como era.
No por ser Santa - declaró un sociólogo que aún se sentía párvulo, - sino porque todo niño desea un regalo y si Santa te lo da, el niño te lo bendice…
26 de diciembre de 2024.
Magoc.
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