DE CUENTOS INCONTABLES.


Las Mil y una noches, ese collar de joyas literarias orientales engarzadas en un extenso argumento de maravillas, como perlas en hilo de oro, desde el inicio del texto exhibe temas que no podrían ser expuestos en la actualidad en horario infantil: reyes cornudos, esclavos complacientes, esposas infieles y un harem de cómplices, la decepción del secreto develado y la ira de vengativa que aflora; decapitaciones sobre fluido escarlata que sellan la ofensa y el estrés post traumático que se marca como eterna venganza por la pena sufrida sobre todas las mujeres. La obra ademas, que es lo mas destacado, contiene la proeza de Sharazada quien cual medieval psicoanalista, con un método de terapia invertida, fue fracturando la cruel decision de Sahriyar (el rey cornudo permutado en serial killer medieval a causa de la ira por la traición de su esposa) a través de ir permeando, sin prisa pero sin pausa, su conciencia con dosis nocturnas de literatura oral hasta que los muros mentales que resguardaban la infausta decisión homicida se derrumbaron. La obra toma su titulo de la duración temporal de aquel primer registro literario de terapia invertida: en términos occidentales le llevó algo así como dos años y once meses a la hija mayor del Visir lograr la curación del monarca; no se le ve en ningún momento preguntar al paciente por sus antecedentes familiares ni sus recuerdos infantiles, tampoco hace diagnostico sobre la posible fase oral o anal en que pudo haber barrenado la psique del doliente jeque. De ninguna de las herramientas, de este arsenal de instrumentos, se sirvió la terapeuta en ciernes; su método consistió en despertar de manera paulatina la infantil capacidad de asombro que las agresiones de la vida adulta habían embotado en la psique de su paciente, y la posibilidad de maravillarse con aquellas historias que la fémina recreaba para él cada madrugada devolvieron al monarca su condición de ser humano, su capacidad de sentir afecto; las historias contadas a la manera amorosa de la hija del Visir hicieron renacer en el soberano oriental el fondo de empatia que se desarrolló en todos los ejemplares de homó sapiens desde que salimos de las regiones africanas, hace millones de años, para hacer tour por tierras entonces desconocidas. Ese compendio de curación literaria del estrés post traumático por terapia invertida, al que occidente dio por titulo Las Mil y una noches, ha llegado milagrosamente hasta nosotros luego de un transito inusitado, de siglos, por las mas variadas culturas del lejano y el medio oriente: los eruditos han encontrado en las historias de aquel collar literario trazas de la cultura china, hindú, persa, árabe siria y árabe egipcia, como de la semita, que van desde el siglo X d.c. hasta posiblemente el siglo XIV. No obstante ese relicario de joyas escritas podría desaparecer como legado para la humanidad del futuro, pues una especie de moderna inquisición lo ha condenado a ser incluido en el canon de obras prohibidas por ser sospechoso de contener pasajes de dudosa moralidad o expresar obscenidades innombrables. Hablamos de esa suerte de Neocolegio de Cardenales en que se han convertido los Comités escolares de Padres en los Estados Unidos de América: novedosa institución que, como el gulag que denuncio el hoy olvidado Alexander Solhenitzin, se disemina por todas las poblaciones de aquel país y tiene el poder efectivo de sancionar o de motivar, desde el aparato escolar, estableciendo o prohibiendo, entre otras funciones, lo que se puede leer en los cursos de enseñanza infantil y de escolaridad media. Ese gulag de las mentes ha determinado preformatear la sensibilidad cultural de los escolares norteamericanos en razón de una especie de confuso canon moral que refleja los valores de una derecha pacata, con posiciones ultra ortodoxas en su profunda profesión de la fe racista de la superioridad blanca, del retardatario e hipocrita puritanismo sexual, junto a la demonización de toda expresión artística o literaria procedente de culturas diversas. Recordamos el hoy para nada recordado Archipiélago de gulag, la obra del ruso Alexander Solhenitzin, porque aquella denunciaba una forma de prisión que se diseminó por toda la geografía de la entonces URSS, hoy fraccionada en múltiples repúblicas euroasiáticas. Solhenitzin (por su condicion de escritor disidente) y su obra (por su condicion de denuncia vibrante) sirvieron como herramientas de propaganda efectiva en la eficaz estrategia de antisovietismo que desplegó, en Europa y en el resto del mundo bajo su influencia, el aparato de dominio del sistema capitalista. El gulag que denunció el ruso como archipiélago que se atomizaba diseminandose en las mas variadas regiones de la Unión Soviética, desde las lejanas estepas hasta la actual Ucrania, y que tan eficaz se demostró en la prisión de los cuerpos, hoy se despliega en ese archipiélago de los Comités escolares de padres por todo el territorio de los Estados Unidos aprisionando de manera eficiente las mentes de los escolares gringos. Ese Archipiélago de gulag del siglo XXI ha decretado la defenestración, entre otros millares de obras, de Las Mil y una noches por las dudosas razones antes consignadas. 

     Pushkin, Dostoyevski, Tolstoi, Gogol, Herzen y muchos otros creadores eslavos transitan la ruta del exilio desde localidades que un día les rindieron homenajes, les erigieron estatuas en las plazas y, lo mas importante, leyeron sus creaciones desde los recintos escolares hasta las aulas universitarias y en los rincones de las bibliotecas publicas o privadas. Una versión malsana de la manía inquisidora (al final lo malsano le es concomitante a toda inquisición) les condena al exilio y al ostracismo, pues la pandemia purificadora que hace mella de las mentes, en los tiempos de epidemia de inhumanidad, les halla culpables de inficcionar las mentes con el virus de la buena literatura en caracteres cirílicos, plena de solidaridad humana. Tchaikovsky, con sus armonías universales, también debe irse junto con ellos con su musica a otros lares. Los censores de ciertas comarcas han decretado que las obras artisticas de aquellos son nocivas para los escolares ucranianos como para el publico en general, como lo hicieron los del homologo archipiélago de los Comités escolares de padres en Estados Unidos con textos fundamentales como Las Mil y una noches. Causa alarma la situación porque, en uno y otro lado del océano, quienes la impulsan son los mismos que se arrogan la titularidad de ser garantes de la libertad de conciencia y la libertad de expresión; son los que hicieron mision del objetivo de acabar, por ejemplo, con los regimenes que llamaban totalitarios (la URSS, el Irák de Sadam Hussein, la Libia de Kadafy y pare de contar) amparados en que promocionan la unicidad de pensamiento y no permiten la libre circulacion de ideas, entre otros argumentos. Obligado es sacar de los anales del Alzhaimer otro autor hace tiempo arrojado al desván de los olvidados: nos referimos a Nicolás Berdiaief, quien es autor del texto titulado La nueva edad media, escrito en la primera mitad del siglo XX y, como el de su coterráneo Solhenitzin, destinado a hacer propaganda occidental contra la Unión Soviética, diseminando la idea de que aquel sistema político propulsaba la imposición de un pensamiento único haciendo involucionar la linea de tiempo hacia épocas similares a la edad media donde el pensamiento cristiano era el paradigma, como lo era el comunismo en la URSS, y cualquier otra manifestación de opinion divergente era purgada en las amorosas hogueras inquisitoriales, o como ocurriría con los disidentes soviéticos que permanecían en la sombra tras los barrotes de la Lubianka (no siempre: el exilio dorado en Europa o Estados Unidos fue el paradero de muchos de ellos, al estilo de los dos nombrados aquí). Más de exagerada propaganda que de verdad hay en estos panegíricos antisovieticos y mucho expresa el que sus autores, tan celebrados en los tiempos que antecedieron al fin de la historia (Fukuyama dixit) hallan sido olvidados como se olvida una herramienta cuando ya no es útil (normal cuando hablamos de instrumentos, pero triste cuando hablamos de creadores literarios, aunque también dice de la factura de estas creaciones). La cuestión es que en esas veleidades del eterno retorno, el razonamiento de Berdiaief se puede aplicar, hoy, a los gobiernos europeos y a las organizaciones escolares norteamericanas que se aprestan a aplicar raseros de prejuicios a los productos de la cultura universal, mutilando del corpus literario los textos que sus particulares fobias les señalan como tabú. En mi terruño dicen, cuando sucede algo similar a lo aquí relatado, que cuando se escupe hacia arriba... La cuestión es que con los casos de la fobia antirusa en los paises europeos y lo del archipiélago de los Comités escolares de padres en los Estados Unidos se está creando el ambiente prejuiciado contra la libre circulación de ideas y la libre expresión del pensamiento, como el desconocimiento al respeto de la pluralidad de culturas; es decir, se esta propiciando el retorno a La nueva edad media como razonaba el escritor ruso que aquí sacamos de los archivos del Alzhaimer literario.

     En los anales históricos todo esfuerzo de mutilación cultural siempre se ha visto acompañado de otro tipo de manifestaciones que acentúan la intensidad de la decisión mutilante (lo que en el fondo es una dramática puesta en escena con pretensiones edificantes o ejemplarizantes, aunque terminen siendo aterrorizantes); es así como, por ejemplo, en tiempos remotos el emperador chino Chí Huang Ti hizo quemar los textos de otras escuelas de pensamiento diversas de la escuela legalista, porque introducían opiniones divergentes en la que era la visión del mundo que el encarnaba y promocionaba. Similar expediente se evidencia en Egipto de los faraones a la muerte del soberano Akhenaton, momento en que los obeliscos, las estelas murales, los templos y los papiros fueron sometidos a destrucción sistemática, dirigida por los sacerdotes de los cultos politeistas ancestrales, para borrar de la historia aquel intento inicial de instaurar la novedad de la religión monoteísta, la del culto a Athon. Mas cercano a nuestros tiempos, el siglo XX estuvo plagado de ejemplos de estas sociales puestas en escena: la nefasta cristalnacht, facturada por el régimen nazi, fue un ejemplo de esa tendencia purificadora malsana que, de cuando en cuando, inficciona las almas "humanas" sacando a pasear los demonios que se alojan en la oscuridad mas allá del inconsciente. En Indoamerica esos demonios fueron evocados, y convocados, por los regimenes dictatoriales del cono sur, por ejemplo, que junto con las incineraciones de textos "comunistas" también purgaron a artistas y creadores literarios, tal como sucedió con Rodolfo Walsh en Argentina (autor de Operación masacre entre otros textos) o con Víctor Jara en Chile (aquel que cantaba: las calles son del pueblo, y yo no autorizo mierda!), o con los poemas de Roque Dalton en Guatemala, en los años setenta, por ejemplo, unas dos décadas después de que Berdiaief escribiese el texto de que antes hablamos. Ya sabemos, en este rincón de la tierra, lo que conllevan esos intentos de mutilar los productos culturales de un determinado origen obedeciendo a criterios espurios, por mas convincentes que estos se presenten para los mutiladores (el Reich de los mil años, la Democracia y la libertad entre muchas otras). Los autores mas cercanos en el tiempo, cuyas obras han pretendido sacar de circulación los modernos inquisidores en estos lares son, quizás: Karl Marx, Federico Engels, Mao Tse-tung, Ernesto Che Guevara, entre otros. Encontrarse caminando, por las calles de cualquier ciudad latinoamericana, con un libro como El Capital, o El libro rojo, o Guerra de guerrillas, equivalía como mínimo a pasar una larga jornada tras las rejas, como máximo a perder la vida, en caso de que las fuerzas represivas interceptasen al paseante y le encontrasen esa peligrosa carga textual encima. Ese era el alimento diario desde México hasta la Tierra del Fuego a lo largo de las décadas de los años sesenta, setenta, ochenta y parte de los noventa en Indoamerica. Entonces la inquisición democrática y la cultura de las libertades formales mutilaba con ferocidad el libre acceso a las diversas corrientes de pensamiento, tratando al hereje (como tal se lo consideraba) como a una infectado que debía ser curado (con algunas jornadas en la cárcel) o, de permanecer en la herejía, como un cáncer que debía ser extirpado del cuerpo social. Desde esta optica El Capital en suramerica, como Las Mil y una noches, en los Estados Unidos de norteamerica, son portadores de la infección cultural cuyos enfermos infectados deben ser sometidos a cuarentena, como con la gripe aviar, como con la enfermedad de las vacas locas, como con el VIH, como con el Cobid 19. Este tipo de razonamiento, por hilarante que parezca a esta altura de la historia y con el alto grado de civilización técnica alcanzado por la humanidad, tiene elementos cíclicos cuyo origen parece estar en los confusos elementos abisales que se esconden en los pliegues psíquicos mas profundos, en estratos anteriores al inconsciente, en esa indeterminada zona donde se funden el animal antropomorfo con sus fuertes instintos zoológicos y el Homo sapiens con su capacidad de sentir afecto y su resilente fondo de empatia, una especie de estrato chalcolitico de la psique humana. Obvio que en los proinquisitoriales parece predominar aquel instinto de caracter abisal con su terror a lo desconocido, a lo diverso, que quiere exorcizar con la cancelación y la mutilación cultural, buscando en ese expediente la tranquilidad del animal satisfecho, que por otra parte nunca hallarán porque aunque se nieguen a admitirlo son descendientes de la especie humana.

     Los dragones de alas plateadas lanzan sus andanadas de fuego sobre las inermes poblaciones, causando sufrimientos incontables (físicos como psíquicos) a los habitantes del lugar. Las estructuras se derrumban sobre los cuerpos inermes; los libros y las estanterías arden en una hoguera que tardará semanas en apagarse, las estatuas metalicas se funden y las de piedra o mármol se fracturan y caen, rompiéndose en millares de trozos. Los sobrevivientes, vulnerables y trémulos, se esconden entre las ruinas humeantes, esperando que pase el vendaval incandescente... Aunque parece un texto sacado de Codice medieval, es en realidad un estribillo que se repite en todas las historias, como en las ficciones, pretéritas y actuales: hoy vuelan los dragones infames con su carga de muerte como lo hacían en los relatos del ciclo artúrico, como lo hacen en las sagas del J. R. Tolkien ( la trilogia de El señor de los anillos, El Hobbit y otras que han tenido muchas tiradas editoriales en nuestros días). No obstante la infamia de los animales que escupen fuego, destruyen y causan sufrimiento humano no es un expediente solo mata gente: en las ultimas decadas del siglo pasado la Biblioteca de Bagdag y el Museo Nacional de Irák fueron reducidos a cenizas por dragones metalicos que escupian chorros igneos y animales bípedos que portaban tubos lanza llamas. En alguna película posterior, facturada en Hollywood (Avatar la titularon para el consumo masivo), los censores colocan en boca de un insulso militar mente-cuadrada lo que será el argumento (en código fácilmente entendible para las multitudes que consumen las producciones del llamado séptimo arte) de semejante hecatombe; en un segmento que anticipa el final se escucha decir al personaje lo siguiente:

- ...les voy a causar un daño de tal magnitud que borre hasta su memoria genetica!...

La ciudad de Harum Al Raschid, el Califa todopoderoso, protagonista de tantas aventuras maravillosas de Las Mil y una noches, experimentaba en el civilizado siglo XX, en su estructura física y cultural, una violenta mutilación que tenia las características de la premeditación y la alevosía, para lo cual con antelación se preparó el insostenible expediente de las armas de destrucción masiva, y esta no es una historia de genios malos sino la realidad cruda y desnuda. En las humeantes ruinas de la biblioteca se confundían las cenizas de palimpsestos únicos e irrepetibles, más las de algunos de los codices de diez o mas siglos de antiguedad que contenian los originales de la inigualable aventura de Sharazada, junto con las arcillas fundidas de tablillas de épocas sumerias o babilónicas, reunidos a los huesos carbonizados de algunos bibliotecarios. La escena no era ajena a la memoria Iberoamericana: en los días postreros del Abya Yala, con las primeras acciones de la invasión europea del siglo XVI, las escenas similares a las de Bagdag se repitieron en cascada: recordemos que cuando Hernan Cortez arriba a Tenochtitlan, actual ciudad de México, se maravilló de la arquitectura y del orden que reinaban en aquella ciudad azteca, como lo escribió en sus Cartas de relación de la conquista de México (misivas dirigidas al monarca español entre el 10 de julio de 1519 y el 15 de octubre de 1524). De esa incursión primera, en términos expresos de paz y siendo amablemente recibidos por el soberano azteca y los pobladores, recuerda Bernal Días del Castillo que en dicha localidad existían multiples casas donde se guardaban "muchos libros de papel, cogidos a dobleces, como a manera de paños de Castilla" (1); lo que corrobora Fray Bernardino de Sahagun cuándo explica que en los Calmécacs (especies de escuelas repartidas por todo el territorio dominado por los Aztecas) a los estudiantes se les "enseñaban todos los versos de canto para cantar, que se llamavan divinos cantos, los cuales versos estaban escritos en sus libros por caracteres. Y más, les enseñavan la astrología indiana y las interpretaciones de los sueños y las cuentas de los años" (2). Algunos días después de la relación de Días del Castillo estas casas arderian, junto con toda su carga cultural, por obra de la acción depredadora de los aventureros europeos ávidos de oro como ayunos de humanismo. En las décadas siguientes las bibliotecas diseminadas por todo el territorio azteca seguirían similar destino, algunas veces a iniciativa de los caballeros enfundados en armaduras metálicas, otras a placer de los ensotanados, entre los cuales se destacó, por su entusiasmo en el jolgorio piromaniaco, un tal presbitero Landa. De aquellos millares de textos que hallaron los europeos, a su arribo, hoy solo algunos codices sobreviven como testigos mudos de las primeras purgas culturales en tierras Indoamericanas. En Tenochtitlan, como en el resto de México, los animales bípedos portadores de lanzallamas (especie de bomberos destructores de papel impreso, como los imaginó Ray Bradbury en su muy conocida distopía titulada: Farenheit 451) destruyeron sistemáticamente aquel legado cultural, anticipando el método que utilizarían, en adelante, para extirpar hasta la memoria genética. Este tipo de mutilación del acervo cultural lo podemos encontrar, con métodos similares aunque con actores diferentes, en las incursiones que los españoles, al mando de Francisco Pizarroso y Diego de Almagro, realizaron en tierras de los Incas aquel mismo siglo XVI: allí los killers culturales incineraron millares de Quipus, textos realizados en cuerdas de diversos colores, grosores y dimensiones, en los cuales las informaciones estaban consignadas mediante códigos elaborados en nudos distribuidos a lo largo de las cuerdas. En aquel tipo de escritura, perdido para siempre, guardaban los quechuas sus históricas cronologías, como sus obras literarias, las decisiones gubernamentales y administrativas, también sus cuentas comerciales. Algunas obras se salvaron de aquel holocausto, como del Mexicano, porque los eruditos indigenas (quipucamayos) vertieron luego los textos al idioma español o los dictaron a sacerdotes que los transcribieron (por ejemplo, la famosa obra dramática Ollantay, entre otras). En las sabanas de Bogota, por otra parte, los codiciosos españoles que habían arribado a tierras de Mochica, el espíritu de las aguas del Tequendama, prendieron fuego al templo de paredes cubiertas con placas de oro, donde los pueblos originarios celebraban sus ritos sagrados. Las placas estaban grabadas en caracteres de un idioma secreto, que se ha perdido para siempre junto a los textos escritos en aquellas laminas, las cuales fueron robadas por los tercios, aquella noche tragica en que los sacerdotes perecieron incinerados entre el las llamas, para ser luego fundidas por los codiciosos soldados de la mutilación cultural, que añadían así una anécdota más a la leyenda negra de la conquista española (en su incapacidad de borrar aquel baldón, los historiadores se han mostrado muy solícitos al menos para edulcorarla) como se añade una raya más a la piel del tigre.

     La musica de Tchaikovsky sigue haciendo la felicidad de los públicos a los que gusta la musica clásica. Guerra y paz, o Ana Karenina de Tolstoi siguen siendo la lectura preferida de millones de lectores a nivel mundial. Las aventuras del Simbad de Las Mil y una noches encuentran un publico joven dispuesto a maravillarse con las proezas en alfombras voladoras y las persecuciones sobre los techos del mercado de Bagdad. No obstante los dragones metálicos siguen incinerando poblaciones con su mensaje macabro de muerte y destrucción, arrancando de las almas humanas la capacidad de asombrarse ante las inusitadas maravillas del universo; las bestias bípedas con lanzallamas celebran como victorias las acciones provocadas por su probada incapacidad de sentir afecto, hacen jolgorio de su inexistente fondo de empatia, y se refocilan en sus expresiones de inhumana crueldad. La Bagdad de Harum Al Raschid una vez más es pisoteada por las inclementes zarpas metálicas y la oleada de monstruos, surgidos de abisales pesadillas, se diseminan por el terruño de Ala destrozando los postreros oasis donde abrevan los buscadores de cuentos. Los cultores de la necrompatia (empatia por la muerte y sus derivados) agitan las imágenes del holocausto ante las multitudes aterrorizadas asegurándose de bloquear sus sensibilidades. Millares de cuentos no podran ser contados porque los lectores futuros, horrorizados, ya no los leerán al hallarse cautivos de la falta de empatia, envenenados por las dosis letales del horror en imagenes. En nuestro cono sur, haciendo de grotesco altavoz un necrompata de cabeza leonina y ojos inyectados de locura exige, a gritos destemplados y en su posición de máxima autoridad nacional, la prohibición de libros, como los peores personajes de Farenheit 451. Sabemos que este ciclón pasará, así lo ha demostrado la historia, los contingentes de necrompatas volveran a sus catacumbas a rumiar su eterna necesidad de incordiar, a refocilarse en su compulsión necrofilica y la cordura volverá ese dia a colocar en los anaqueles los textos que hoy llevan el baldón de las prohibiciones. Ese día los ojos ansiosos volverán a recorrer, con espíritu maravillado, las lineas destellantes de Las Mil y una noches; y entonces Sharazada desbloqueara a fuerza de contar historias increibles, con su método literario de terapia invertida, las puertas de la imaginación abriendo las almas a las maravillas de la convivencia humana y al disfrute sin limites de las obras culturales.

Notas:

(1) Bernal Días del Castillo, Historia verdadera de la conquista de Nueva España; citado en la introducción de Miguel León Portilla a: Literatura del México antiguo (recopilación de textos), Biblioteca Ayacucho, Caracas, Venezuela, 1986, pag. XIV.

(2) Fray Bernardino Ribeira de Sahagun, Historia general de las cosas de Nueva España, tomo I, pag. 166, versión web. El subrayado es nuestro.



8 de diciembre de 2024.

Magoc.


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